Pensar diferente

Cuando discuto con alguien me gusta pensar diferente porque así aprendemos los dos.

No estoy totalmente seguro de nada. No espero tener la razón, porque, como decía Jorge Luis Borges, tener la razón es una falta de respeto. Es más, aún cuando tienes la razón y lo puedes sustentar, ocurre exactamente lo mismo con los demás —entiendo lo que dices pero no me harás cambiar de opinión.

Por ello creo que toda conversación medianamente alturada acepta que cuando se discute no se busca salir victorioso —no es un concurso ni una competencia —; sino ,más bien, ampliar la visión y conocimientos de los participantes de la conversación. Ergo, hasta la opinión más aparentemente estúpida, puede servir para dicho fin.

No me agradan los comportamientos sectarios, pero los acepto. De mi no se puede esperar dicho comportamiento, salvo, quizás, en un caso extraordinario por el que haya perdido la sensatez, la cordura y la compostura (También soy humano).

Aún cuando comulgo con alguna idea, me gusta buscarle sus errores; porque, a veces, demasiada luz, tampoco deja ver.

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