Ojos de continuidad (poema de amor)

Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo interpretado por Kenji Kawai a la voz Kimiko Itoh. Las letras tienen el nombre de Follow me.
(Melodía sugerida para leer el poema)

I

… tienta lo delicado, arruga lo inocente.
En sus suaves ojos de continuidad, ella,
guardaba la eternidad de todo y mucho más.

Flotaba sobre mis sueños y, a veces —sólo a veces —
plantaba sus sueños junto a los míos…

Amábamos sentir, los dos, marchitarse —dulces —
esos días bajo nuestro pies: con dolor, con lágrimas.
Con cirujano cuidado para enhebrar
el menor daño posible: con esperanza del futuro.

Pisoteaba mis sueños y, a veces —sólo a veces —
salpicaba su rabia en destrucción sin piedad.

¡Cómo se marchitaban mis sueños: sin esperanza!
¡Cómo adoraba yo esa crueldad en sus lejanos
ojos de continuidad llenos de rabia!

II

Un día sus ojos continuaron su continuidad y,
ahí, más allá de todo, mis acciones la pierden.

Perdida, quizás, la tristísima locura
entre árboles sombríos, luces hirientes;
te aleja siempre, cual eterno laberinto en pena.

Perdida, quizás, la amorfa realidad
entre geométrica perfección, físicas leyes;
expulsa siempre, tus lúcidos ojos de continuidad.

Ahí dentro, en su cascaron, quizás —sólo quizás —
espera renacer, mutar, evolucionar. ¡Ho niña!,
como mariposa en pupa que alcanza el vuelo.

Yo cuido de sus ideas, sus acciones, sus lugares:
su todo. Paciente vigía esperando su regreso,
sus tiernos ojos continuos. ¡Ho bella! Aquí.

III

Podemos jugar a crear mundos virtuales:
a tocar la luna con la punta de la lengua
y masticar sus poros de sueños en la cena.

Un día fuimos a la música y, bailando,
tu cascarón y mi cuerpo, trazaban coloridas notas
en el espacio silencioso de nuestra nada.

En los desiertos internos plantamos sentimientos:
amor, odio, alegría, tristeza y demás: ¡Vital huerto!
Cuando todo creció, fuimos primates saltando
aguerridos y atrevidos entre las frágiles ramas.

IV

Un día los ojos continuos se cansaron.

Ninguna lejanía pudo ser lejos,
Ninguna virtualidad pudo ser original,
Ningún miserable yo pudo ser el amor en sus ojos.

Los ojos continuos aborrecieron su continuidad
y hoy son dos fosos profundos de sustancia muerta.

Sólo de ves en cuando, un palpitar inoportuno
origina una chispa —materia viva — en sus ojos difuntos
y un fotón escapa aterrado, llorando. ¡Tanta destrucción!

Mis manos culpables no saben acariciar, ni calmar
el miedo, la miseria desoladora del fotón sufriente.

Sólo, como una estatua, contemplo.
¡Y un mundo se viene al abismo!
Cuando soy y sólo puedo ser
la impotencia pura.

V

Has muerto, lo sé, apestas a ausencia
ausencia de ti, ausencia de mi; de todo:
¡Hoy tus ojos son dos bolas que sólo ven colores y formas!
Y aunque te veo, no te reconozco. ¡Ho niña nadie!

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