Pink Floyd, una historia de amor

Live at Pompeii – Pink floyd
(Melodía obligada para leer el post)

Muy pocos han sabido entender mi amor por la música y, en particular, mi amor por la música de Pink Floyd. Ahora, mientras Echoes llena vuestro espacio, voy a relataros esta historia de amor.

Todo empieza más o menos hace 10 años, cuando aún tenía 12 años.

En esos tiempos mi corazón andaba prendado de la frágil belleza de una chica. Escribía desesperados y empalagosos poemas de amor dedicados a adular una belleza inexistente. Había leído unos cuantos poemas en los folletos y libros del colegio y eso era prácticamente todo mi conocimiento del tema. Es más, tenía la impresión de que poesía era casi un sinónimo de las frases de amor mas o menos bien ubicadas. Pero, claro, estaba equivocado.

También había leído los libros básicos de la literatura. Juan Salvador Gaviota fue mi preferido. El principito siempre me pareció un tanto estúpido. Quizás porque he carecido casi por completo de la inocencia. O quizás porque jamás fui un niño. Es decir, sí que tenía sueños e imaginación, pero estaban abocadas a cosas diferentes. Ahora, ya más crecido, veo que ciertamente, tiene mucha belleza, pero sigo pensando que es para gente tonta que no se cuestiona las cosas y las recibe con agrado.

Yo era de los chicos miedosos del grupo, pero también de los más valientes. Si me decían que en la casa abandonada había un cuco, yo era de los que iba a cerciorarse. Cargaba con mis 5 o 6 años y en las noches de luna llena —Que eran la únicas en las que se podía jugar de noche —, me tragaba todo mi miedo y caminaba a lo desconocido. Como si una perversa afición por lo peligroso me susurrase su llamada a lo desconocido.

Hablando de las lunas llenas, seguro que muy pocos han jugado a las escondidas como debe ser. Las escondidas en noche de luna llena en un pueblo rodeado de montañas y donde todas las sombras parecen seres vivos, sí que son escondidas. No existían escondites obvios o maneras de hacer trampa porque todos desaparecían en la oscuridad. Era un juego de miedo para el que buscaba y para el que se escondía, porque ambos estaban en la oscuridad y puede que los pasos que vinieran hacia ti no fueran de ninguno de tus amigos. Puede que fueran los pasos de algún ser demoniaco dedicado a devorar niños.

En esa época (Cuando tenía 12 años), escuchaba una emisora llamada ritmo romántica. Me fundía en sus amorosas líricas y fáciles rimas o coros. Luego descubrí a Neruda y fue una revelación. Mis versos, a su lado, parecían bodrios sin sentido. Asimilé bastante rápido el estilo y pronto mis versos ya podían competir; pero entonces sucedió Vallejo. Eso no fue una revelación, eso fue un eco de mi alma. Un algo que hasta entonces no había encontrado palabras.

Comparaba: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente/ y me oyes desde lejos y mi voz no te toca./ Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca.”

Con: “Hay golpes en la vida… ¡Yo no sé!/ Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,/ la resaca de todo lo sufrido/ se empozara en el ama… ¡Yo no sé!”

Definitivamente el sabor de Neruda es dulce y pasajero. Y el sabor de Vallejo es salado e inmenso. Eso sólo comparando la primera estrofa. En los demás, Vallejo crece y ahonda y Neruda juega y decrece. Vallejo sabe a eso que yace en todos los seres. Y Neruda es mediocre, individual y fútil. Algunas veces he pensado que Neruda, que era muy inteligente y lúcido, le escribió esos versos a alguna chica tonta que perdía toda su belleza cuando abría la boca. Es decir, a una chica se la distrae fácilmente con palabras dulces, porque las cosas demasiado directas siempre la ofenden.

A la par, descubrí las primeras canciones de Pink Floyd. Lo primero que escuché de ellos fue Another Brick in the Wall. Una pieza que suelta parece una canción más de todas esas canciones ochenteras. Recuerdo que entonces aún creía que los músico hacían canciones y no discos y en general, tenía razón. Casi la totalidad de los discos musicales son una aglomeración de canciones, pero las de Pink Floyd no. Hasta en las mezclas que hacen hay cierta coherencia que los caracteriza —Aunque puede que esto último sean creencias mías —.

Luego escuché todo el disco The Wall. No pude llegar a comprenderlo. Pero había algo en el que me susurraba. Mi antiguo instinto de lo desconocido se encendió. En ese tiempo no sabía un carajo de inglés, así que fue peor aún. El internet a penas y llegaba a mi ciudad y yo no sabía muy bien para qué servía. No había manera de conseguir las letras de las canciones y mucho menos una traducción. Pero ahí se quedó.

Luego vine a Lima y fue una bendición. Un día leí que Pink Floyd había grabado una película del disco The Wall. Lo descargué del internet durante todo el día y en la noche la vi. Y quedé prendado. No he vuelto a escuchar que algún grupo confecciones películas para acicalar su música.

Luego me descargué toda la discografía de Pink Floyd y aún hoy escucho y vuelvo a escuchar esas melodías y son como ecos de un sonido que siempre es el mismo, pero que en mis oídos es diferente cada vez.

Yo gusto de muchos tipos de música, pero Pink Floyd está a la par de la frecuencia de mi alma. A veces, cuando ya parece que lo nuevo no es suficientemente atractivo, vuelvo mis pasos a ellos y me cubro de su creación y vuelvo a enfrentarme a los días.

Cuando uno ve una presentación de Pink Floyd, se sumerge en él. Estar en uno de esos conciertos no es como una clásica presentación musical. Es un espectáculo en todos los sentidos. Es el teatro musical. Uno ve obras como el vivo en Pompeii (Que acompaña este pos) o Pulse o alguna de las recientes presentaciones apoyadas en la tecnología más moderna, y se queda atónito. Entonces te das cuenta que el proceso creativo no terminó en pegar unas notas y añadirle letras y ya está. Es un trabajo que trasciende a lo estético y teatral porque hasta el diseño de las portadas de los discos o las secuencias de video que pasan en los conciertos, están magníficamente trabajadas. Por ejemplo, ver Pulse y fijarte en el cuidado que se guarda a la hora de sincronizar el sonido y las luces, es dulce.

Mención a parte merecen las letras que acompañan las canciones. Muchos de ellos podrían reemplazar por sí solas la producción poética entera de muchos que se hacen llamar poetas. He aquí algunas de mis traducciones:

Ecos (Echoes, la primera canción del video)

Por encima, el albatros
se mantiene inmóvil en el aire.
Y en la profundidad bajo las onduladas olas,
en laberintos de cuevas de coral,
el eco de un tiempo distante
viene envolviendo a través de la arena
y todo es verde y submarino.

Y nadie nos llama a la superficie.
Y nadie sabe el dónde o el por qué.
Algo se agita y algo intenta
comenzar a escalar hacia la luz.

Extraños paseando en la calle.
Por casualidad, dos miradas separadas se conocen.
Y yo soy tú y lo que veo es a mi.
Y te tomo de la mano,
y te conduzco a través del terreno,
y ayúdame a entender
lo mejor que pueda.

Y nadie nos llama a la superficie.
Y nadie cruza ahí con vida.
Nadie habla y nadie intenta.
Nadie vuela alrededor del sol…

Casi todos los días caes
a mis ojos despiertos
invitando e incitándome
a subir.
Y a través de la ventana en la pared
vienen corriendo en alas de luz solar
un millón de de brillantes embajadores de la mañana.

Y nadie me canta canciones de cuna.
Y nadie me hace cerrar los ojos.
Así, lazo la ventana lejos
y te llamo a través del cielo…

Otro ladrillo en la pared parte 1 (Another brick in the wall)

Papá a volado a través del océano
dejando sólo un recuerdo.
Una instantánea en el álbum familiar.
Papá ¿Qué más dejaste para mi?
Papá ¿Qué dejaste atrás para mi?
Después de todo, era sólo
un ladrillo en la pared
Después de todo, era sólo
un ladrillo en la pared.

Pena (Sorrow)

El dulce aroma de un gran dolor se encuentra sobre la tierra.
Columnas de humo que suben y se funden en un gran cielo plomizo.
Un hombre encuentra, y los sueños de los verdes campos y ríos,
pero una mañana se despierta sin razón para despertar.

Está obsesionado por el recuerdo de un paraíso perdido
en su juventud o en un sueño —No lo puede precisar.
Está encadenado para siempre a un mundo que partió.
No es suficiente. No es suficiente.

Su sangre se ha congelado y se cuaja en miedo.
Sus rodillas han temblado y ceden el paso en la noche.
Sus manos se han debilitado en el momento de la verdad.
Su paso ha vacilado.

Un mundo, un alma.
El tiempo pasa, el río discurre.

Y él habla con el río del amor perdido y la dedicación,
y el silencio replica que esa arremolinada invitación
fluye oscura y problemática a un mar aceitoso.
Un indicio sombrío de lo que es ser.

Hay un viento incesante que sopla a través de esta noche.
Y hay polvo en mi ojos que ciega mi vista.
Y el silencio que habla más fuerte que las palabras
de las promesas rotas.

Tiempo (Time)

Viendo pasar los momentos que componen un día monótono,
desperdicias y consumes las horas de un modo indecoroso.
Dando vueltas en un pedazo de tierra de tu ciudad natal
esperando por alguien o algo que te muestre el camino.

Cansado de tumbarte bajo el sol, de quedarte en casa mirando la lluvia.
Y tú eres joven y la vida es larga y hay tiempo que matar hoy.
Y entonces, un día encuentras que tienes diez años tras de ti.
Nadie te dijo cuando correr: te perdiste el disparo de partida.

Y tú corres, y corres para alcanzar el sol, pero este se está hundiendo
para darse la vuelta y levantarse tras de ti nuevamente.
El sol es el mismo de una manera relativa, pero tú eres mayor;
más corto de aliento y un día más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto. Nunca pareces encontrar el tiempo.
Planes que se quedan en nada o en media página de líneas garabateadas.
Esperando en silenciosa desesperación a la manera inglesa.
El tiempo se ha ido, la canción se ha terminado; pensé que tenía algo más que decir.

ALIENTO DE RECUPERACIÓN
Hogar, hogar otra vez.
Me gusta estar aquí cuando puedo.
Y cuando regreso a casa frío y cansado,
es bueno calentar mis huesos junto al fuego.
A lo lejos, a través del campo,
el tañido de las campanas de hierro
llama a los fieles a arrodillarse
para escuchar el suave sonido de mágicos hechizos.

Y así todas las letras de las canciones, hasta las más flojas; invitan a reflexionar.

El día que escuché el vivo en Pompeii, mi cuerpo se arrastró a las notas y se dejó llevar. Yo no soy un buen bailarín de los ritmos bailables, pero la danza me nace de las células más íntimas cuando el sonido hace vibrar los nervios oportunos. Pasé poco más de una hora contorsionando mi cuerpo al solitario aire de mi habitación. En mis oídos retumbaba el sonido de los parlantes a todo volumen, como debe ser y no podía parar. Si alguien quisiera poseer mi alma, seguramente la música sería el camino más corto.

Y yo amo la amplia variedad de sonidos en la música, pero Pink Floyd, definitivamente, es mi preferida. Es el amor en ondas al que siempre regreso. Es amor puro como sólo las notas musicales se merecen recibir.

En fin, espero que disfrutéis el vivo en Pompeii. No es el material más digerible de Pink Floyd, pero es extraordinario. Para aquellos que tengan curiosidad, podrían empezar por Pulse. También podéis ir escuchando los discos. The wall o The Dark Side of the Moon es un buen comienzo. Yo que soy algo veterano en el tema, ya no les puedo encontrar mucha diferencia, pero sé que a algunos les puede desconcertar la dura apariencia del sonido, pero tened paciencia: escuchad con calma y le encontraréis el delicioso sabor, como al buen vino.

PD: Esto iba a ser un pequeño post para compartir un video.

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