Los días cambiantes (poema de vida)

¡Cuánto han cambiado los días!
El día que aprendimos a sentarnos en la mesa y comer con cubiertos,
ya alimentábamos las bocas de la siguiente generación.
El día que aprendimos a callar nuestra rebeldía y luchar en silencio,
ya escuchábamos los gritos de los nuevos jóvenes.

Y aunque algunos días el pecho aún clama sangre, sudor y lágrimas;
los huesos y la carne que no entienden del interior o el alma:
sólo saben ser cada vez más deleznables y flácidos.
Y un día, frente al espejo, está un extraño,
y el llanto se asoma con todo el dolor de tus años.

Esa es la parte alegre.

Porque lo realmente triste está entre las sombras cada vez más.
Y duele saber que hoy que vives tu futuro,
los sueños se sienten cada vez más lejanos.
Y al despertar son el lastre que dejas camino del trabajo.

Da lástima saber que el amor de tu vida,
es una persona que aún vive las órbitas de tu cabeza.
Deprime encontrar que tu gran vocación,
es un fantasma que se esconde bajo un escritorio.

Pero aún se pone más triste:

cuando un día viste a un individuo arder en sangre, sudor y lágrimas;
sólo atinaste a decir: está loco.
Y cuando los niños renegaron de tu indiferencia,
soltaste tu mejor argumento: son muy jóvenes.

Y al final…

Todos tus años sólo sirvieron para creerte la historia de la vida
y, como todo buen creyente,
un día recorres las calles evangelizando a las almas perdidas.

El Flaco Spinetta–La Bengala Perdida
(Melodía sugerida para finalizar el poema)
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3 pensamientos en “Los días cambiantes (poema de vida)

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