El lobo hambriento (Cuento para cachorros de lobo (cuentos para niños))

Había una vez una familia de lobos que vivían en un bosque hermoso y repleto de animalitos. La familia vivía feliz alimentándose de las criaturillas que pudieran cazar hasta que un día los animalillos desaparecieron. La familia lentamente fue descendiendo en número. Primero murió el papá lobo, luego murió la mamá loba, luego murieron el lobo más joven y por último la loba segunda. Entonces el lobo mayor se quedó sólo y hambriento.

Un día caminaba por el bosque y vio a una nueva especie de cachorro pasar. El cachorro llevaba una hermosa caperuza roja y parecía indefensa. No sabía si era hembra o macho, pero le daba igual, así que la siguió mientras el nuevo cachorro caminaba feliz dando saltitos alegres y acariciando las florecillas del camino. No sabía si el cachorro era peligroso, así que lo asechó de lejos.

Luego de un rato, siendo muy consciente de que estaba desnutrido y débil, tomó valor y se lanzó contra la presa; pero se detuvo a tiempo porque notó que no estaba sola. Había un adulto de su especie que la seguía de cerca. Entonces lanzó florecillas al camino para alejar al cachorro del adulto y esperó hasta que estuvieran lo suficientemente solos y se lanzó contra su presa.

Pero el cachorro pegó un espantoso grito que asustó al lobo y previno al adulto de su especie. El lobo, ágilmente, también pegó un grito e hizo como que no pasaba nada.

—¿Qué haces tan sólo por aquí? —preguntó el lobo—. Me asustaste —agregó.

—Voy a llevarle la comida a mi abuelita —respondió el cachorro.

—¿Qué comida? —preguntó el lobo—. Por aquí ya no hay comida y todos mueren de hambre —agregó.

—Son unas liebres que el cazador llevó a mi madre y ella las coció y me dijo que se las llevase a mi abuelita.

Entonces el lobo comprendió por qué no había más comida en el bosque. Ese tal cazador se había llevado todo y no había dejado para los demás.

El lobo supo que la única comida que quedaba era el cachorro que tenía con él y la abuelita. Pensó que sería mejor probar la carne vieja y dejar la carne joven para luego dejarse morir de hambre. Además, sentía que el adulto que vio hace un rato se acercaba.

—¿Y dónde vive tu abuelita, cachorro?

—No soy cachorro, soy mujer. Me dicen Caperucita Roja.

—Gusto en conocerte, Caperucita, pero dime, ¿Dónde vive tu abuelita?

—Vive al final del camino. Mi madre me dijo que no me alejase del camino, pero yo quería ver las flores y tomé un atajo.

—Está bien, nos veremos otro día. Me tengo que ir.

El lobo apresuró el paso para llegar antes a la casa de la abuelita y cuando llegó, tocó la puerta. La abuelita le abrió pensando que era su nieta. El lobo vio a la abuelita y supo que la comida iba a ser muy fea, pero tenía hambre, así que se lanzó contra su presa. De un bocado se tragó a la abuelita, pero luego de un momento sintió que el estómago le dolía y se acostó en la cama para recuperarse. —Sabía que la carne vieja me haría mal —pensó.

El lobo se había quedado dormido de tanto dolor y despertó cuando la Caperucita Roja tocó la puerta. El lobo estaba atrapado y no sabía qué hacer, así que cogió la ropa de la abuelita y se vistió con él para poder aparentar.

—Hola abuelita, te he traído unas liebres cocidas.

—Hola hijita, déjalas por ahí, ya me las comeré luego. Te puedes ir.

La Caperucita Roja notó que algo era diferente y quiso saber si todo estaba bien.

—¡Pero qué ojos más grandes tienes abuelita!

El lobo pensó que la cachorra era muy inoportuna y quería librarse de ella lo antes posible. El adulto podía encontrarlos si seguían así por mucho tiempo. Así que usó su ingenio y le respondió:

—Son para verte mejor.

—¡Pero que orejas más grandes tienes abuelita!

El lobo pensó que la cachorra era muy insistente.

—Son para oírte mejor.

—¡Pero qué nariz más grande tienes abuelita!

El lobo tenía retorcijones en el estómago y se le acababa la paciencia.

—Son para olerte mejor.

—¡Pero qué dientes más grandes tienes abuelita!

El lobo no pudo aguantar más.

—Son para comerte mejor —dijo y se lanzó contra la Caperucita y se la devoró en un instante.

Como pensaba, la carne de la Caperucita Roja estaba más deliciosa, pero había comido mucho y quería descansar, así que se tumbó en la cama para echarse su última siesta antes de morir de hambre.

El adulto que además era el cazador, había escuchado el ruido y fue corriendo a la casa de la abuelita y encontró al lobo dormido.

Entonces sacó su enorme navaja de cazador y abrió la panza del lobo. El lobo gritaba de dolor mientras el cazador sacaba a la Caperucita Roja y a sus abuelita de su estómago. Cuando el cazador hubo terminado, el lobo pensó que lo dejarían en paz o lo matarían, pero se desmayó del dolor antes de saber qué le harían. El cazador, en un enorme acto de crueldad, llenó el vientre del lobo con piedras y luego lo cerró. El lobo despertó luego de un rato muy sediento y fue a beber agua en el poso. Se asomó adolorido, hambriento y débil a beber el agua y el peso de las piedras le ganó y el pobre lobo cayó al poso y murió.

Moraleja para cachorros de lobo: El hombre puede matar al cachorro del lobo y de cualquier otra especie, pero el lobo no puede matar y mucho menos alimentarse del cachorro del hombre.

Moraleja para cachorros de lobo 2: Es mejor morir de hambre que tratar de alimentarte con la Caperucita Roja, porque además mueres con dolor y sed.

Las madres lobo también usan el cuento para amedrentar a los cachorros de lobo flojos y les dicen cosas como: No hay que dormir luego de comer y mucho menos en el lugar donde comes.

Otros usos no tan fieles al cuento son: Come tu comida, porque si no, un cazador vendrá y te abrirá la panza para meterte piedras en el estómago. O también: No comas todo lo que puedas porque puede ser carne vieja y te da una indigestión.

El cuento del lobo hambriento ha servido a generaciones enteras de cachorros de lobo para aprender sobre los peligros de convivir con el hombre y desafiarlo. Y aunque no se sepa quién es el autor del cuento o la procedencia geográfica del mismo, se lo considera como un legado universal que todo buen cachorro de lobo debería leer.

Morrisey–Suedehead
(La canción no viene a cuento, pero la pueden escuchar si desean)
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