Recuérdame (poema de amor)

Recuérdame llorar cuando mueras y que en mis lágrimas se sienta el dolor intenso, la sensación inconexa entre la inconstancia etérea de mis sentidos, mi cuerpo, mis pensamientos y la cruda y palpable dureza de la realidad.

Recuérdame perder el rumbo y sentirme extraviado y absurdo en el luto y que mis manos sepan buscar el rose de algo que ya no se podrá encontrar en ninguna parte en el espacio.

Recuérdame sentir vergüenza de la vitalidad en mis células, y llorar otra ves, detestable.

Recuérdame traerte a la memoria como una fotografía de tu cuerpo inerte pendiente de ser enterrado: hermoso, delicado, deliciosamente concordante en sus formas: perfecto; pero carente de ti.

Recuérdame mentirme en la cara, en el espejo, en el reflejo, en el tacto y decirme que todo pasará cuando ambos sabemos que es un efecto sin contrapartida que, aunque pase, no le quita el dolor.

Recuérdame llorar porque es mi llanto la única ofrenda que mis dioses pueden aceptar, porque más allá de la duda mental o la plenitud material no hay un punto exacto entre ellos que se pueda entregar con la rebeldía del desposeído de toda forma de beneficio.

Porque cuando ya no estés seremos tú y yo en una espiral de instintos que se cubren de partes insensibles del escenario que siempre nos ha visto crecer.

Pero, por favor, no me dejes, no te vayas en ese viaje de inestabilidad espiritual al que no puedo acompañarte.

Pero si sucediera, si sólo pudiera pasar:

Recuérdame ese punto en el que mi mente y sus hilos de camino sepan desviarse para buscar en esto que hacemos y trabajamos algo más completo que la realización bajo el concepto de la sociedad.

Recuérdame, por favor, que no vivimos por lo que logramos si no más bien por algo inexplicable que nos acompaña en la existencia y que parece no ser propiedad nuestra más que un simple alquiler.

Recuérdame que vivimos en el vacío y que lo estrambótico de nuestras acciones en él, son sólo una distorsión imaginaria que nunca es parte de nosotros.

Recuérdame que fuimos uno y lo desesperante que es sentir más soledad de la que ya sentíamos: como la falta de alguna parte de nosotros que nunca pudimos encontrar; pero que se agrava porque, además, ya te perdí.

Recuérdame llorar, llorar como un niño, como una niña, como sintiendo el dolor primigenio que obligó a los humanos a pedir cariño, amor, compañía.

Recuérdame que jamás pude quererte, ni amarte, ni sentir que fueras lo que en lo cotidiano llaman pareja, porque nunca fuiste mi pareja, nunca fuiste una opción, nunca fuiste el amor de los sueños que en alguna noche encontré en el coincidente camino que te trajo a mi: Simplemente fuiste yo, simplemente fui tú y que por ello, por ello, vivo con partes de mi que están literalmente muertas.

Recuérdame que soy un ser muerto, que no vago por ahí en busca y que soy la paradoja existencial por excelencia.

Recuérdame no perderme en lo cierto, en lo lógico, en lo esperado, en lo normal.

Recuérdame saltar mis lamentos para convertirlos en grito y que el tejido mismo de nuestro universo pueda sentir la distorsión que puede causar el dolor que puedo sentir.

Recuérdame perderme una ves más, que lo inconstante simplemente somos nosotros.

Pero, por favor, estemos aquí, que es uno de esos momentos tan nuestros, tan ausentes, tan sentimentales. Déjame palparte.

Recuérdame que cuando mueras quizás el muerto sea yo.

Recuérdame ser un buen recuerdo y capturar tu dolor y llorarlo los dos, para ser, para ser, para ser tú y yo.

Recuérdame sólo, recuérdame los instantes, los minutos que se hacen nuestros.

Recuérdame que somos una inconsistencia de conceptos y que quizás somos una mentira.

Recuérdame que todos estos años, todas estas vidas, todos estas ideas, todo, todo, todo lo que tengo, todo sirvió de nada y que sentimos el mismo vacío de hace mil años atrás.

Recuérdame que en esas horas de muerte, nada que pueda hacer, nada que pueda decir, nada que pueda tener, ni todo lo que pueda dejar servirá para poder retenerte conmigo.

Recuérdame que como toda buena mentira nos la hemos creído y acentuado así la insignificancia de la que somos víctimas y que hasta nuestro dolor, nuestro sufrimiento; es un ruido imaginario en el vacío en el que hemos nacido.

Pero, por favor, soñemos una noche más y que nuestro ruido se convierta en música.

Slowdive–When the Sun Hits (Melodía recomendada Nº 1)
Daniel F–En la travesía de tu Ausencia (Melodía recomendada Nº 2)

 

PD 1: No, no está dedicado a nadie, ni tampoco está inspirado por nadie (entiéndase por “nadie” a ningún ser que haya existido o exista).

PD 2: La canción de Daniel F ve el tema desde un punto de vista diferente. De cuando ya el hecho ha ocurrido.

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