Reflexiones que olvidaré

Y cuando te hablo de locuras comprimidas en una cabeza decantada a la tristeza,
no espero que me animes.
Sólo soy un segundo de soledad en la eternidad del universo.

Mis sueños son inmensas brumas inalcanzables.
Y dedico mis días a dibujar un boceto maltrecho del lienzo que jamás pintaré.

Mi conciencia es un decir inexacto. Ahí no hay guía ni rumbo.
Y no persigo perdones, porque el pecado me desprecia. Ya no hay salvación.

Cuando sonrío, es un gélido presagio de los días que nunca llegarán.
Un mórbido estrés de la melancolía. No se puede mirar el sol de frente.

Mi libertad es un postulado de imposible solución.
Mi mente la ordena con ahínco y termina derretido sobre el papel implacable.

Entonces comprendo las caras de todo el ser escondido,
y al día siguiente, cuando el ser desaparece, me confunde la máscara.

Clavo la mirada como daga y si entiendes su color,
puede que puedas ser la escafandra. Y su bello resucitar de una vida anterior.

Pero es un evento precario donde nadie sabe
cómo sentir lo que siento, y yo no sé cómo desgarrar lo que sientes.

En mi verdad sólo hay piedras y su peso duele.
Como las manos que cogiste para caminar juntos y que un día sólo cuelgan de ti.

Mi amor es una promesa que jamás prometo.
Es el delicado delirio de querer morir en un escenario que juega con todo el alma.
Un mundo completo que construye su eternidad paso por paso…
por elección y deseo de cada instante.
Pende del precario hilo de la constancia y yo soy un buen malabarista.

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