Cambiando

Cambiando

Hoy el día a sido igual que ayer.
Hoy soy igual que ayer…
Hoy mi vida entera es absurda.

Mi reflejo se satura en su eco,
mata todo signo de mi,
y al abrir los ojos soy un maniquí.

Ya no hay más pasos en mi caminar.
Ni amores, ni odios.
Soy el trazo exacto de un rostro y un cuerpo
que exhala muerte.

Mecánicos engranajes marcan mis movimientos,
y un algoritmo rige mis pensamientos.

Hoy no he podido cambiar…
y un profundo abismo lapidó mis ojos.

25 minutos de Leuzemia

No hay mucho que decir sobre esta canción. Sólo queda disfrutarlo y tras 25 minutos y medio, regresar a la vida. Les dejo las letras (espero no haberme equivocado):

Debo ser un viajante,
debo ser transeúnte,
un peatón cualquiera que espera tomar un retazo de sueño,
una corta sonrisa,
una nube que el tiempo me ha de quitar.
Pues todo se va… y no hay como mierda volverlo a tomar.
Todo se va… menos tu nombre y tu voz.
Una mano vacía,
un trueno insonoro,
un lecho en el que nunca voy a pernoctar,
una hoguera sin llamas,
un gran cielo sin dioses,
una calle con seres que no han de ganar,
una burda patraña,
una mueca envolvente,
La tristeza que gira y me vuelve a amarrar… me pretende asfixiar.
La avenida furtiva,
una herida sangrante
y al final de la calle está el brillo fugaz de una huella infinita,
un enjambre de brisas,
una tumba que en vida se pudo matar,
una lengua volátil,
una falsa sonrisa por las calles que escupen deceso y verdad,
un mercado de olvidos,
un ferial de recuerdos.
No hay invierno que abrace más fuerte que tú.

Ya la noche ha venido,
ya se encienden las luces.
Hoy me van a matar.
El telón abre paso
a la gente que espera
ver mi alma estallar.
Hay un círculo vacuo,
hay dolor en mis ojos.
La prisión no se ha ido:
aún está en su lugar.
No conozco mi enredo.
Tal vez soy accidente,
un engendro del tiempo que prefiere llorar… llorar.
Vete y hazte canciones -me dijeron-
que no hablen de nada (y) que se puedan bailar”.
“No hagas muchos esfuerzos pues la música a muerto.
Solo hay mierda en el dial”.
No hice caso a consejos.
Me llego tu dictamen:
te mereces destierro (y un) prematuro final.
Un cantar silencioso o un canto inconcluso.
Un doliente recluso
que no quiso tomar
su tajada del mundo
y andar entre luces
y entre amigos que pasan
y te dicen: -¡Salud!… ¡Salud!
Mi coraza ha caído,
el enigma ha salido
a buscar un hogar:
todo está en su lugar.
Y es un canto de locos,
de venganza y de enfermos,
de romances y verbos,
y de amor espectral.
Y vendrán los elogios
como golpes de ombligo
como baile inconexo
como un ciego mirar.
Y aquí estamos de nuevo
con las luces y todo.
La cultura es primero
y a la mierda lo demás.
Soy rehén de esa historia,
soy el dedo que acusa,
soy el juez,
soy testigo,
soy jurado y fiscal.
Solo quiero una noche
verme solas contigo…y observar el final.

Y otra vez a lo mismo,
y otra vez la rutina.
Cercenar mis temores y ponerme a cantar.
Descifrando señales
como breves suplicios
como heridas que nunca se van a cerrar
como rocas que un día yo voy a arrojar… sobre mí.
La jauría me espera,
la vergüenza se trepa,
se unta a mi cuerpo y me impide matar.
Como un paso apurado,
como lenta tortura,
solo hay miedo y las dunas me cubren de sal.
No soy poeta ni pastrulo,
no soy eco ni locura,
solo soy un huevón que ya quiere escapar
sin más vida esta mierda,
sin más mío que mis años,
mis amigos, mis canciones… y mi llorar.
Yo te quiero en mi duda,
yo te quiero en mi insanía
y al final de la calle solo quiero abrazar cada paso que das.